¿Nosotros que vamos a poner?
Vivir en la calle es un síntoma, el más brutal de todos tal vez. Pero detrás de ese hecho hay mucho más. Cada historia esconde una complejidad que no se explica de manual y que no se resuelve sencillamente con “decisión política”, “con plata” o “con trabajo”. Simplificar es creer en la magia o hacerse el boludo, que es un deporte nacional, pero no como el polo, que juegan 10 ricachones aburridos, sino como el fútbol, al que no le escapa casi nadie.
Es necesario romper con la concepción de que los chicos “eligen” la calle. La situación está directamente relacionada con los problemas fundantes del sistema social que estructura nuestras vidas desde el azar del contexto en que nos toca nacer hasta las posibilidades de desarrollo que se nos dan a lo largo de la vida. Indagar en las razones que expulsan a un niño de su casa, con todo lo que esto significa, es el punto de partida para aquellos que entendemos que el problema debe ser abordado desde una perspectiva integral.

Por perspectiva integral, entendemos tener en cuenta la falta de trabajo y la precarización laboral, las deficiencias del sistema de salud con hospitales colapsados y faltos de presupuesto, un sistema educativo expulsivo y descontextualizado con la realidad, el déficit habitacional y las familias fragmentadas y disfuncionales.
Esto se suma a la acción y omisión del Estado frente a todas estas problemáticas que construye un contexto en el que los presupuestos básicos para el desarrollo adecuado de la niñez se ven imposibilitados por la fractura de estas instituciones que son las que deberían dar al niño la contención material y emocional para constituirse como tal. Esas cosas que son imprescindibles para que puedan crecer, jugar, aprender y generarse las herramientas que les permitan elegir y ser.
La calle es como la cárcel, nadie sensatamente quiere llegar ahí, todos quisieran dejarla lo mas rápido posible y, de una manera extraña y peligrosa, es muy común acostumbrarse a ella. Pensándolo bien, la calle es una cárcel, una distinta a la de rejas, pero que supone un encierro involuntario al que, una vez ahí, es muy difícil escaparle.
Pero algo te da, un rol, un sentido de pertenencia, un lugar en el mundo, una muy precaria libertad, paradójicamente, te aleja de situaciones de violencia, abuso y abandono tan cercanas, tan familiares, que duelen mas que las que aparecen día a día en la calle.
Pero algo te da, un rol, un sentido de pertenencia, un lugar en el mundo, una muy precaria libertad, paradójicamente, te aleja de situaciones de violencia, abuso y abandono tan cercanas, tan familiares, que duelen mas que las que aparecen día a día en la calle.
La sociedad genera un círculo vicioso. A partir de situaciones de violencia explicitas e implícitas, de las cuales la peor es la naturalización de la situación de calle que potencia todo lo que generó esa situación, se produce en los chicos una violencia que es condenada cuando emerge y que es a su vez su manera de hacerse visibles ante la mirada que desde pequeños el mundo les niega.
Es solo en esta instancia cuando la sociedad vuelve su mirada hacia ellos. Pero solo para pedir mano dura para estos “pibes chorros” que tienen la misma edad que sus propios hijos, en lugar de políticas de inclusión social que generen condiciones de vida digna para todos.
Tomamos la calle como nuestra, como de todos, recorremos los espacios en el que los chicos suelen permanecer, tratando de quebrar nuestra forma de “pasar” por el especio público, de verlos y pensarlos. Vista así, la calle se transforma y nos habla, pero para entenderla consideramos que es fundamental escucharla con nuestros propios oídos y no con los que nos prestan los medios de comunicación.
Tomamos la calle como nuestra, como de todos, recorremos los espacios en el que los chicos suelen permanecer, tratando de quebrar nuestra forma de “pasar” por el especio público, de verlos y pensarlos. Vista así, la calle se transforma y nos habla, pero para entenderla consideramos que es fundamental escucharla con nuestros propios oídos y no con los que nos prestan los medios de comunicación.
Nosotros, hoy decimos, la inseguridad la sufren ellos, los muertos por bala los ponen ellos, los cuerpos y mentes corroídos por las drogas, también los ponen ellos. ¿Nosotros que vamos a poner?
